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Revista Bunker

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Con la soga al cuello
Por Mitzi Martínez
Look at me standing/ here on my own again
Up straight in the sunshine/No need to run and hide
It’s a wonderful, wonderful life/no need to laugh and cry
It’s a wonderful, wonderful life.
Black Colin Vearncombe
1987 A&M records
Imagina un crío de no más de 7 años de edad. Imagínalo brincando por todo el piso de una papelería mientras espera a que su madre recopile la cinta adhesiva, las tijeras, las cubiertas de plástico para los libros. Él espera una pregunta mientras mira los papeles lustre de forro para cuadernos. Espera, pero no despega la mirada de un pliego de papel rosa, grande y brillante. Imagina al enano de pronto detenido en su brincoteo. ¿de qué color quieres el papel ‘mijo? El escuincle mira a su mamá, una ñora regordeta, fodonga y con permanente. Después mira por encima del mostrador y hace uso de sus pequeñas gónadas para declarar lo más fuerte que puede: ¡ROSA!.
Imagina un jalón de cabello y un zape en la micro cabeza con la mano abierta. Imagina las palabras saliendo entre los dientes –ya-te-dije-que-rosa-no. No-eres una-niña. Imagina un metro y diez centímetros de ira contenida, de labios cerrados y puños apretados. Imagina 2 minutos seguidos de mirada lacrimógena clavada en el piso. No es la primera vez; eso es seguro. Él será un hombrecito; eso está claro. Entre lo que ahora desea y lo que debe ser se acomoda algo que en unos años defenderá con rabia aunque apenas entienda el concepto que lo nombra: identidad.
El despliegue de violencia maternal es indignante, por decir lo menos, pero la culpa no la tiene la ñora, sino el significado, la identidad, esa construcción sociocultural que se va generando de manera grupal alrededor del significado de las cosas. El color rosa es para niñas, eso es identidad. El color rosa es deseado por el moconete, eso es individualidad. Para vivir en sociedad y ser un niño, un hombre y no un trans o un homo, hay renuncias, sacrificios.
Por que claro –y en esto los estudiosos del proceso de identidad coinciden- se trata sólo de socialización, de encajar, de no vivir apartado. La identidad se trata de integración, pero también de segregación.
José Ramón Torregrosa, uno de los teóricos más actuales que estudia el proceso de identidad, parte de las premisas de Erick Erickson para podernos explicar cómo y porqué se construye la identidad. Establece 3 supuestos en los que se basa un interaccionismo simbólico; que consiste en que las vivencias personales alimentan la identidad social y esta a su vez alimenta la identidad personal a través de los significados de acciones y cosas.
1. Los seres humanos se relacionan con las cosas por sus significados.
2. Los significados surgen del proceso de interacción social
3. La utilización y modificación de esos significados se produce por el proceso activo de la persona al tratar con el objeto.
Donde el rosa se acepta, el código es distinto. Donde el rosa es orgullo, –en un mundo adulto al que el brincolín no tiene acceso- la identidad defiende lo que antes fué negado y que nada tiene que ver con el color, sino con el deseo por tantos años ocultado. A Jorgito le gusta el rosa. Eso no quiere decir nada para él. El color es brillante, alegre. En la cabeza adulta, rosa es un código para ser interpretado. Un molde. Una camisa de fuerza, tanto para el que lo odia como para el que lo venera.
Eres fuerte, eres débil, eres azul, eres fem, eres machorra, eres pija, eres oso, eres gay, eres anarco, eres de izquierda, de derecha, apolítico, de centro, radical, buscahueso. El insulto se vuelve forma de ser, orgullo, y una inocente palabra se vuelve polisémica. Eso identidad. Y todo esto, es social. Ante lo desconocido, el ser humano construye mapas, instructivos, líneas de restricción. Si la identidad es un molde que nos obliga a ciertas actitudes, una soga en el cuello ¿porqué la defendemos tanto? Quizás sea que para llegar a descubrir nuestra individualidad necesitamos primero tener una identidad de la que podamos ir deconstruyendo lo que no nos gusta, quizás sea que sólo sentimos que existimos cuando nos define ese espejo que es el otro, la sociedad. O quizás sea simplemente que no queremos estar solos. En una palabra: miedo.


Author:  mitzimartinez
Duration: 
Published: 2007-05-06
Tag: n/a

 




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