La danza no empieza en el escenario: empieza antes de nacer. Por ello el maestro Elías Guerra Castillo considera que somos ritmo desde el origen, desde el pulso invisible que ordena a los astros y marca el compás del universo. Cada cuerpo sigue su órbita, cada paso su trayectoria. Esa coreografía silenciosa nos recuerda que tenemos un lugar y un tiempo.
Bailar es activar herramientas antiguas que viven en la memoria corporal. No son reliquias del pasado, son saberes vigentes que entrenan el cuerpo, fortalecen el carácter y afinan la conciencia. Una persona que baila aprende equilibrio, disciplina y respeto por su propio movimiento.
Elías Guerra ha sido testigo de cómo la danza abre puertas, une culturas, cruza fronteras. En un escenario o en una plaza pública, el ritmo hermana corazones que no comparten idioma, pero sí emoción.
En esta charla aprenderemos sobre la resistencia, la identidad y la celebración de los pueblos originarios. Y que la vida hay que bailarla con el corazón entero, paso a paso, sin rendirse.