Escupía alfileres oxidados que salían de su boca y brazos, objetos se movían violentamente y una mano invisible le escribía “STAN” con sangre en la piel. La prensa la llamó “la niña poltergeist”, pero cuando cumplió 18 años… todo cesó de golpe y nunca más habló del tema.
Murió en la pobreza total y su expediente sigue clasificado en el Vaticano.