Saber escucharse a uno mismo/a no es tarea fácil. Sabemos escuchar lo que pensamos, pero sabemos escuchar peor a lo que sentimos. Saber hacerse buenas preguntas y tener el coraje de responderlas siempre marca un antes y un después. El equilibrio entre tradición y progreso es un arte de auténtico equilibrista vital. Quien desarrolla esa habilidad para maridar lo de antes con lo que está por venir tiene un tesoro.