Cuando algo te asusta, ¿hacia dónde corres?
A veces aparece un problema y hacemos una tesis completa sobre él: pensamos, repensamos, imaginamos escenarios, buscamos respuestas, hablamos con todos… y al final oramos.
Pero David nos enseña otro camino: corre primero bajo las alas de Dios.
Salmos 36 nos deja una secuencia preciosa:
ALAS → MESA → RÍO → FUENTE → LUZ
Llegas asustado y Dios te cubre.
Llegas vacío y Dios te alimenta.
Llegas sediento y Dios te da de beber.
Llegas agotado y encuentras la fuente de vida.
Llegas confundido y Dios enciende la luz.
Quizá no necesitas que todo cambie inmediatamente. Quizá necesitas volver a la Fuente y permitir que Su presencia cambie la manera en que estás viendo lo que estás viviendo.
Tu seguridad no está en saber lo que viene; está en saber bajo cuyas alas estás.
“¡Qué precioso es tu amor inagotable, oh Dios! Todos los seres humanos encuentran refugio a la sombra de tus alas.”
Salmos 36:7, NTV
Las lecturas son:
Ester 4:1 - 7:10
1 Corintios 12:1-31
Salmo 36:1-12
Proverbios 21:21-22
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