Locos por los clásicos - La simpatía
La simpatía no es caer bien ni resultar gracioso. Es algo mucho más profundo y, para los clásicos, una condición esencial para una vida feliz. Para los clásicos grecolatinos, la simpatía no era una técnica social, sino una forma profunda de conexión humana. La simpatía, antes de ser un rasgo de carácter, era una forma de estar en el mundo.En este podcast de Locos por los clásicos reflexionamos sobre una virtud olvidada: la capacidad de sentir con el otro, de relacionarnos con afabilidad y equilibrio en un mundo cada vez más crispado.Desde Aristóteles hasta Epicteto, pasando por Cicerón y Séneca, los pensadores grecolatinos tuvieron muy claro que el ser humano es social por naturaleza y que la vida en comunidad no solo es inevitable, sino necesaria para el bienestar emocional. Pero también advirtieron contra los excesos: no se trata de pretender ser amigo de todo el mundo ni de vivir permanentemente rodeados de gente, sino de vivir con simpatía con quienes no forman parte de nuestro círculo íntimo. Como recordó con lucidez Josep Pla, “en la vida hay amigos, conocidos y saludados, y la clave está en no confundirlos”.Frente a la arrogancia y la antipatía —que nacen de la inseguridad y la infelicidad—, los clásicos defendieron la simpatía para lograr el bienestar emocional.Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de la simpatía que defienden los clásicos está formada por: “Smile” de Nat King Cole, “Nice ’n’ Easy” de Frank Sinatra y “What a Wonderful World” de Louis Armstrong.La imagen corresponde a “El almuerzo de los remeros” de Renoir (1881)Escuchar audio
Locos por los clásicos - El escudo de Eneas. Eneida libro VIII
El héroe troyano deja de ser un exiliado errante para empezar a convertirse en fundador de una civilización. El Libro VIII de la “Eneida” de Virgilio es un canto decisivo, una pausa solemne antes de la gran guerra, donde la épica se mezcla con la política, la religión y el destino de Roma.Tras la declaración de guerra de Turno, Eneas busca aliados. El dios Tíber se le aparece en sueños y lo guía hasta el rey Evandro, un anciano sabio que gobierna un asentamiento humilde en el monte Palatino, la futura Roma. El encuentro es mucho más que una alianza militar: es un pacto entre pasado y futuro, entre la pobreza originaria del Lacio y la grandeza que vendrá. Evandro le muestra a Eneas una Roma primitiva, hecha de chozas, bosques y colinas sagradas, recordándole que la verdadera grandeza nace de la austeridad y la ley. Durante su estancia, Virgilio inserta el relato genial de Hércules y Caco, una lucha entre civilización y barbarie que anticipa el papel de Roma como fuerza ordenadora del mundo.Mientras tanto, en el Olimpo, Venus convence a Vulcano para que forje armas divinas para su hijo. El resultado es uno de los momentos más célebres de la literatura clásica: el escudo de Eneas. En él no aparecen gestas pasadas, sino la historia futura de Roma, desde Rómulo y Remo hasta la victoria de Augusto en Accio. Eneas lo contempla sin comprenderlo del todo, cargando sobre sus hombros no solo una armadura, sino el destino de un imperio.El Libro VIII es así un canto de tránsito y de revelación. Virgilio detiene la acción bélica para legitimar la guerra que vendrá: no como violencia gratuita, sino como deber sagrado. En este “episodio” de la serie genial que es “La Eneida”, historia, poesía y política se funden en una sola visión.Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora del Libro VIII de la “Eneida” de Virgilio está formada por “Batalla sobre el hielo” de la ópera “Alexander Nevsky” de Serguéi Prokófiev; la banda sonora de Howard Shore para El Señor de los Anillos; “Solsbury Hill” de Peter Gabriel y la banda sonora de Ramin Djawadi para Juego de Tronos.La imagen corresponde al cuadro de Pomeo Batoni “Venus entrega las arms a Eneas” (1767) que se encuentra en el Museo Hermitage de San PeterburgoEscuchar audio
Locos por los clásicos - Ulises y Argos. Canto XVII de la 'Odisea'
Ulises sigue disfrazado de mendigo y Telémaco regresa a Ítaca. Aunque padre e hijo ya se han reencontrado en secreto, fingen no conocerse. Telémaco ordena llevar al “mendigo” al Palacio para mendigar, marcando así su paso definitivo a la madurez: toma decisiones, habla con autoridad, y se posiciona como heredero de Ulises.Y en ese camino, ocurre uno de los momentos más conmovedores de toda la literatura: el reencuentro de Ulises con su perro Argos.Viejo, lleno de pulgas, abandonado sobre un montón de estiércol, ciego, apenas vivo… pero fiel. Tan fiel, que reconoce a su amo después de veinte años, por la voz, por el olor, por el alma. No se levanta. No puede. Solo mueve la cola, echa las orejas atrás, y muere. Muere al cumplir su misión: ver de nuevo a Ulises. Sin palabras, sin gestos grandilocuentes, Homero nos recuerda que la lealtad no necesita palabras.El canto XVII es ya la antesala de la venganza. Los pretendientes humillan a Ulises ¡en su propio Palacio! Uno de ellos, Antínoo, golpea al mendigo. Todo está por estallar. Homero es un genio del suspense. No hay serie que lo igualeContamos con la colaboración del helenista, poeta y traductor de la “Odisea” de Homero, Juan Manuel Macías.Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora del canto XVII de la Odisea está formada por: “The gravel road”, de James Newton Howard (de la película “The village”); Romeo y Julieta, de Nino Rota (versión Henry Mancini); “The dark knight” de Hans ZimmerLa imagen corresponde a la pintura “Ulises y Argos” de Briton Rivière (1885)Escuchar audio
Locos por los clásicos - Sexo y cotilleo. Los mimiambos de Herodas
Amigas que se cuentan secretos sexuales sobre un consolador, madres que arrastran a sus hijos a clase… ¿Hablamos de una serie actual? No. Estamos en Alejandría en el siglo III a.C.(New York de la época) y el autor es Herodas.Este poeta griego del periodo helenístico escribió unos breves textos en verso llamados mimiambos: pequeñas escenas de la vida cotidiana, tan reales y provocadoras que parecen sacadas de una serie contemporánea. Lejos de la épica o la tragedia, Herodas retrata un mundo donde se habla de deseo, de frustración, de educación, de amor, de placer… y de consoladores. Sí, también de eso.En este podcast recuperamos alguno de sus textos más geniales: el mimiambo del “maestro de escuela”, con una madre implacable que exige disciplina para su hijo vago y crápula, o un el célebre “consolador colorado”, donde dos mujeres mantienen una conversación fresca, desinhibida y completamente desacomplejada sobre un consolador que pasa de mano en mano y le llega desgastado a la propietaria.Herodas nos ofrece un retrato lleno de vida, donde lo doméstico se convierte en teatro, lo sexual en humor, y lo cotidiano en literatura. Escuchar estos textos es asomarse por la mirilla a una casa griega de hace 2300 años… y encontrarse con algo sorprendentemente actual.Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de los Mimiambos de Herodas está formada por: “Il ragazzo della via gluck” de Adriano Celentano; “These boots are made for walking” de Nancy Sinatra; “Ma che freddo fa” de Nada Malanima; “The Typewriter” de Leroy Anderson y la “Danza de las horas” de la ópera “La Gioconda” de Amilcare PonchielliLa imagen corresponde a una cerámica griega del V aC. “Dos mujeres en el baño”. Se encuentra en el MET de New YorkEscuchar audio
Locos por los clásicos - Ícaro
Volar. Algo que parecía imposible para los humanos. Pero Dédalo, el gran inventor ateniense, fabricó unas alas con las que podía volar. Lo hizo para escapar del encierro en Creta, donde el rey Minos lo había retenido tras construir el Laberinto del Minotauro. A su lado, su hijo Ícaro.El mito, contado magistralmente por Ovidio en el libro VIII de Las Metamorfosis, nos habla de un padre que diseña con amor y precisión unas alas verdaderas, no poéticas ni simbólicas, sino mecánicas, funcionales. Y de un hijo que, llevado por la hybris, desobedece la advertencia paterna: no volar ni demasiado alto ni demasiado bajo.Ícaro, cegado por la soberbia, sube demasiado… El sol derrite la cera que sujeta las plumas, y el muchacho cae al mar y muere.Como todos los mitos tiene una lección moral. Es una advertencia que sigue más viva que nunca. El mito de Ícaro nos enseña que la inteligencia humana —esas alas que inventamos para ir más lejos— necesita siempre del contrapeso de la ética y de la prudencia. Ícaro representa, la hybris, la soberbia de quien no tiene límitesY esta lección está hoy más vigente que nunca. Pensemos en la inteligencia artificial, en la biotecnología, en la ingeniería genética: avances que abren nuevas alas a la humanidad, pero que deben volar con sensatez. Porque el progreso sin ética puede terminar, como Ícaro, desplomándose sobre la humanidad.Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora del mito de Ícaro está formada por: "Por ti volaré" de Andrea Bocelli"; Volare" de Domenico Modugno; "Flying Without Wings" de Westlife y "High" de Lighthouse Family.La imagen corresponde al cuadro “La caída de Ícaro” de Jacob Peeter Gowy (1636)Escuchar audio