Las puertas automáticas se cierran detrás de mi.
De inmediato, una melodía de cuatro tonos parece avisar la partida y el sonido futurista de avance del Metro de Caracas me llena de una indescriptible emoción.
Tururuuuurúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu…
Sólo pasaron unos segundos antes de que las puertas se abrieran nuevamente. Mi abuela me tomó de la manó y me guió fuera del vagón. El hilo musical nos acompañó hasta salir al sol de la ciudad de Caracas.