El Café de la Verbena 5: Luna llena menguante
Noches de San Juan hay sólo una al año. Lunas, muchas: llenas, crecientes, nuevas, menguantes, rojas, cercadas, misteriosas, fisgonas, tristes, radiantes, cascabeleras. El que más y el que menos tiene su luna; y si no, un trozo de ella, una rayo, al menos. Nos gusta mucho saltar la hoguera, tenemos los pies tiznados. Pero reconocemos que por la Catalina lo que tenemos es pasión. Por eso hemos pasado el día más largo del año deseando que acabara para ver el cielo con la música que los poetas le han dedicado a ella. La luna nos está mirando, y no sabemos qué nos ve. Escuchémosla.
El Café de la Verbena 4: Chicho
Hay personas inconmensurables, gente que nace en una cuna falangista y acaba haciendo de Durruti, tipos que le dan lo mismo a las matemáticas que a la lingüística, artistas que hoy te componen "Gallo negro, gallo rojo" y mañana cantan poemas de Agustín García Calvo, músicos que son capaces de componer como si fueran pueblo. En verdad no hay gente así. Hay sólo uno: Chicho Sánchez Ferlosio.
El Café de la Verbena 3: De ida y vuelta
Las gentes van y vienen, y las músicas, con ellos, también. ¿Qué soniquetes quedan de medio milenio de trasiego entre América y España? ¿En qué canciones se condensan tantas migraciones, tantas mercancías de aquí para allá, tantos sueños, fatigas y aventuras? ¿De qué puerto salió el primer barco cargado de compases, giros melódicos y acordes? Los cantes de ida y vuelta son un tesoro que no naufragó con todos esos pecios ahogados en el Atlántico. Vino y ron, jamón y guayabas.
El Café de la Verbena 2: Los vecinos, el alcalde
Mientras la orquesta toca en la plaza del pueblo, el siglo XX pasa delante de ellos, con sus repúblicas, sus guerras, sus penurias y transiciones. A los pies del escenario bailan anti-comunistas, bolcheviques, generales fascistas, diplomáticos, señoritos, autonomistas, diputados. ¡Hasta Hitler decide pasarse de la mano de Imperio Argentina! Los músicos siguen tocando, la verbena no para. Algunos, los más chaqueteros, se van cambiando de chaqueta y cantan según sopla el viento. Otros se juegan el cuello y a última hora cambian la coplilla para meterse con el cacique, o con los de la rosa o con los que haga falta. Música y política, menuda juerga.
El Café de la Verbena 1: Entre tinajas y alambiques
El Café se inaugura con un homenaje al trago. A su alrededor se han cocido ritos, pasiones y soniquetes. Da igual que sea fermentado o destilado, el alcohol es siempre propiciador de canciones honestas. A veces, la copa llena es una musa en sí misma, alguien que nos escucha, nos consuela, nos entiende. Por esta barra achispada desfilan hoy el tango, la ranchera, el flamenco, la canción popular, la copla... Bebamos para recordar buena música.